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miércoles, mayo 5

No sé de cine II: The Human Centipede

Introducción innecesaria

Cuando era estudiante de filosofía tenía los sueños más inverosímiles de la historia, pero a veces me dejaban un muy buen sabor de boca; como aquella vez en la que soñé con una extraña versión del mito de Aristófanes y su andrógino. En mi sueño estaba en un súper y veía hasta el fondo, en la pared donde van los vinos y los licores, una suerte de proyección de lo más casera. En las imágenes proyectadas aparecía la cara de un niño con muchos mocos y mucha mugre, de esa que queda como huella después de que las lágrimas corren por los cachetes sucios. Después el cuadro se iba ampliando y pintando de rojo: el cuerpo del niño estaba totalmente ensangrentado. El cuadro seguía alejándose y se veía que el niño no tenía dos, sino cuatro piernas; no dos, sino cuatro brazos y no una sino dos cabezas. No era solo un niño, sino un niño y una niña cosidos por la panza; una escena totalmente desgarradora. El responsable de todo esto era un hombre por demás locochón que tenía en mente recrear al andrógino.

Todo eso proyectado en la pared de un súper. Después el sueño se ponía de hueva y salía una tipa hablando de María Zambrano y no sé qué y bueno, eso ya no nos importa. Bastante larga ha sido ya esta introducción innecesaria. Todo esto viene-a-colación porque siempre me pareció una idea increíble y fascinante que existiera alguien obsesionado con unir a seres humanos por medio de una intervención quirúrgica.

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También a este joven Tom Six le pareció una buena idea y co-escribió y dirigió The Human Centipede (First Sequence), una película de bajo (muy bajo) presupuesto que, según la opinión de algunos expertos, pasó a ser de culto de la noche a la mañana. Para mí, que no sé de cine, es una gran idea... un tanto desperdiciada.



El que vemos aquí arriba con su diapositiva es el Doctor Heiter. Cuando aún ejercía su profesión, era un prestigiado cirujano que se especializaba en la separación de siameses. Ahora vive en una casa enorme y fancy en algún punto de Alemania y dedica la mayor parte de su tiempo a fantasear sobre la formación de un ser tripartita, que también queda ejemplificado en la imagen. Gracias a todo el conocimiento que ya posee, es capaz de diseñar un procedimiento mediante el cual los tres seres humanos que planea unir compartirían el sistema digestivo (el de hasta adelante ingiere la comida, la procesa, el siguiente la recibe, la procesa y el tercero la recibe, la procesa y la desecha). Pero ¿cómo pretende lograr que esto funcione? Sencillo: hará una firme conexión entre sus bocas y sus anos. Así que comienza a secuestrar personas cuyas complexiones son adecuadas para su peculiar propósito.

El simple resumen de los primeros minutos de The Human Centipede resulta grotesco, desagradable y repulsivo; sin embargo, la película se queda corta ante los alcances perturbadores que pudo haber tenido. Es tímida en cuanto a la profundización de la factibilidad fisiológica de los experimentos de Heiter, el procedimiento se explica solo someramente (algo insatisfactorio en una época en la que todo se investiga googleando).

Es poco innovadora en el sentido de su planteamiento: dos amigas que están viajando por Europa se descubren perdidas en medio de una zona que desconocen, no tienen señal en el celular , están buenísimas y pecan de ingenuas. Aburrido. Los diálogos son completamente predecibles y los momentos en los que el guión goza de cierta inteligencia, los actores se encargan de destazarla y enterrarla.

Y es que el principal problema de The Human... es el casting. Es obvio que la película está situada en Alemania porque querían que el actor Dieter Laser interpretara a Heiter con su terrible acento cuando intenta hablar inglés; lo cual distrae y mortifica, uno no sabe si reír o llorar. Las actrices en pocos momentos logran entrar en su papel, pero la mayoría del tiempo uno se pregunta cosas como qué pensarán sus mamás al ver esta película.

Aún así, recomiendo ampliamente que la vean. A pesar de que tiene muchos elementos que hemos visto mejor realizados en otros lados (Hostel, Saw, mi sueño), también tiene algo que hará que la tengan en la cabeza por días. Véanla por el simple deseo (morbo) de ver algo que no debería pasar. Un orificio que es para desechar nunca puede ser un conducto. Pero ese algo que no debería pasar de hecho pasa frente a nuestros ojos; sin la crudeza que se esperaría, sin la carga de realidad que podría alcanzar, pero pasa. Y no es agradable.

Aquí dicen que el director reprimió varias cosas en esta primera secuencia y que para la segunda parte vendrá con todo. Seguramente la voy a ver y seguramente sentiré náuseas de nuevo. Tengo ganas de ver concretadas las cosas que imaginé pasarían en este repulsivo relato de una obsesión malsana.


miércoles, marzo 24

No sé de cine I: The Straight Story.

Director: David Lynch



Uno de los problemas con los que me enfrento todos los días en el trabajo (para quien no me conozca: soy editora de subtítulos) es lidiar con juegos de palabras. Me gustaría poder traducir exactamente lo que The Straight Story significa, pero en un solo subtítulo sería imposible. A veces quisiera poner algún tipo de nota al pie que explicara lo que puede llegar a abarcar una palabra o una expresión completa, pero solo soy traductora de subtítulos. Una traductora de subtítulos con blog.

Straight no sólo se refiere al apellido del protagonista, también, como lo dice el título oficial en español, es una historia sencilla, directa, sin rodeos. Straight además puede ser la característica de un camino, aquel que se despliega en línea recta. Y, sin embargo, la película no se consuma en una trama simple. Más bien, es precisamente por su claridad y transparencia que se puede ver más profunda y específicamente la delicadeza del tratamiento de los personajes y los problemas que se gestan en el universo de cada uno de ellos.

Alvin, veterano de la Segunda Guerra Mundial, decide ir a visitar a su hermano Lyle, que vive a varios miles de kilómetros de distancia. Lyle acaba de sufrir un infarto, lo que provoca que Alvin tome conciencia de la finitud de la existencia de ambos y decide ir a visitarlo antes de que sea demasiado tarde; para lo que será necesario que deje atrás una vieja rencilla que provocó una separación prolongada por varios años. Alvin es un anciano que no puede conducir y vive con su hija, Rose, que padece algún tipo de impedimento mental y del lenguaje. Finalmente, decide hacer lo que cualquiera haría: atravesar una buena parte de Estados Unidos en su podadora.

The worst part of being old is remembering when you was young.

The Straight Story dibuja la vida de un hombre que se descubre peligrosamente cerca de la muerte (la suya y la de su hermano) y que por primera vez recibe pistas de su impotencia ante ella. Pero antes de abandonarse a la lamentación y el arrepentimiento, Alvin, maravillosamente interpretado por Richard Farnsworth en su último papel antes de morir, decide sobreponerse a sus limitaciones naturales y emprender un largo viaje. Entre los testigos de la proeza brota un sentimiento que va siempre de la sorpresa al respeto. Todos se vuelven un eslabón para que Alvin llegue a su destino y él deja una marca en cada uno, la mayoría mucho más jóvenes que él.

Lejos de ser aleccionadora, estamos ante una película que angustia, como casi todo lo que hace Lynch. La idea de encontrarse inútil y dependiente después de haber sobrevivido una guerra puede convertirse en una maldición que pocos logran sacudirse. Alvin Straight sabe que su vida está llegando a un fin y que su cuerpo responde cada vez menos a sus órdenes, pero es esta conciencia lo que le permite realizar el último esfuerzo que resulta doble: moral y físico. Debe tragarse su orgullo y volver a hablar con su hermano y debe ponerse en marcha para lograr llegar a verlo. Toda la travesía está enmarcada en paisajes extenuantes, pero la música es el elemento clave que realza y equilibra los contextos de la película.

El score, como en tantas otras ocasiones en el cine de Lynch, fue elaborado con el cuidado impecable que solo puede verse reflejado en las composiciones de Angelo Badalamenti. Los temas de Rose y de Alvin resultan conmovedores y resplandecientes en su belleza country-instrumental. Basta con cerrar los ojos y escuchar el score completo, la película se desliza lentamente en la memoria con todos sus detalles; desde la sonrisa llena de preocupación de Rose al ver partir a su papá, hasta la alegría y complacencia de Alvin al encontrarse sobre el camino que lo llevará a reunirse con su hermano después de tanto tiempo de no estar cerca.


Quizá debí especificar desde el comienzo que es el retrato de un caso verídico. Pero en realidad no creo que haga falta cuando lo que provoca esta película es tan palpable y, a fin de cuentas, real.



Recibe dos de mis famosas enhorabuenas de pulgar.

martes, febrero 23

No sé de cine

Mi querido amigo, el joven cineasta Alejandro Murillo, dijo una vez -algo parecido a- que muchas personas gustan de ver películas, pero pocas saben de cine. Yo, sin pena y sin aflicción, me incluyo entre los que no saben de cine. Los que, cuando acaba una película, solo atinan a decir: "me gustó/no me gustó" y arrojan un juicio más bien inocente (por no decir ignorante). Pero por lo menos tampoco formo parte del grupo de babosos que afirma triunfalmente y a todo volumen que "la película tenía muy buena foto", sin tener la menor idea de lo que quieren decir con eso.

Esta inocencia (por no decir ignorancia) es la única herramienta con la que cuento para hablar de cine. Es por eso, querido y desocupado lector, que lanzo esta advertencia, porque aquí no encontrará otra cosa que una sencilla opinión (y quizá una anécdota personal eventualmente). En primera instancia había hablado con Paxton sobre hacer recomendaciones de películas sangrientas, pero no veo por qué he de limitarme a eso, si me gusta de todo.

Como conclusión: No sé de cine, pero no puedo imaginar cómo sería mi vida si no pudiera ver las decenas de películas que veo mensualmente. No sé de cine, pero no puedo evitar querer invitar a alguien a ver algo que me dejó fascinada, no puedo evitar compartirlo. No sé de cine, pero amo al cine. Espero que algunos o muchos de ustedes encuentren que este amor es contagioso y con eso me daré por bien servida.

Pronto, la primera recomendación en No sé de cine.