martes, diciembre 15

Estudio del paralelismo entre la infancia y la enfermedad y sus consecuencias anímicas

A los 9 años las cosas son más sencillas en un 98%. Es un estudio comprobadísimo, llevado acabo por unos científicos especializados en la materia, con varios doctorados en el tema que estamos tratando. "La infancia es más sencilla que lo que viene después", decía Spinoza en uno de sus famosos axiomas, que pueden encontrar en el conocido libro de Spinoza.

Cuando era niña me preocupaba que Mario Rosas notara que existiera, ser la primera en entregar el ejercicio de conjugaciones (de verdad), estar en la escolta (no lo logré), estar en el coro de la capilla (iba en escuela de monjas). Llevaba una lista con todos los libros que leía y me esforzaba por leer más cada vez (cronometraba mis tiempos de lectura), escuchaba música y luego escuchaba más música (rock, casi siempre) (aunque a veces también a Juan Gabriel, Rocío Durcal, Kabah, OV7 y otros tipos de... rock). Buscaba las letras de las canciones, me las aprendía, intentaba traducirlas y entender la esencia de lo que decían. Creo que en gran medida así aprendí a hablar inglés. No me conformaba con balbucear, necesitaba entender.

En la infancia lo que uno más tiene es tiempo. Y se supone que así es como uno descubre qué es lo que más le gusta hacer, porque tiene toda una gama de cosas frente a los ojos y de ahí escoge. A mí me gustaba leer y ver películas y escuchar música y eso es lo que sigo haciendo. La mala noticia: Nunca aprendí un oficio ni terminé una carrera, así que soy del 99% de los empleados que sigue esperando que sus hobbies le PRODUZCAN DINERO. La cifra exacta es 99%, lo vi en un estudio de la Universidad de paparapapaeueooo.

La infancia queda atrás más rápido de lo que uno imagina y de repente uno se descubre en un trabajo, sin tiempo para leer, apenas con tiempo para dormir. Uno encuentra el hi5 de Mario Rosas y ve que ya se casó y tiene una morrita como de un año. Uno se descubre sorprendentemente achacoso.

Parte dos.
De cuando Sofía se descubre sorprendentemente achacosa y escribe cosas al respecto

Ya hace unos días que tengo un dolor que se distribuye del abdomen al pecho y me provoca vómito y una cantidad de malestares de los que no quieren saber. Desde el sábado hasta ahora he limitado lo que como y mi risa y mi movimiento, todo con tal de no volver a exacerbar el dolor que me aterra. La madrugada del lunes tuve que ir a urgencias a que me inyectaran un analgésico porque de plano no podía con lo que me imagino como una mancha que devora todo lo que encuentra a su paso.

Los sistemas de salud pública en México, todos lo sabemos, apestan en gran medida. Pero también apesta mi tonta desidia para arreglar mis papeles del seguro. Mes con mes me descuentan parte del sueldo para cubrir este tipo de cosas y yo ni siquiera me había tomado la molestia de darme de alta en la clínica. Muchas veces uno se queja de las cosas porque quiere que funcionen solas y no pone de su parte sino hasta que recibe un par de cachetadas guajoloteras*.

Estar enferma es un poco como volver a ser niña. Mi mamá me compra gelatinitas en el globo, me prepara comida más rica que de costumbre y puedo pasar horas tirada viendo la tele sin que me diga nada. Además, cuando se está enfermo, se tiene tiempo. Tiempo para pensar, para leer, para escuchar música -pero escuchar música en serio, no escuchar música mientras se hace otra cosa-, incluso da tiempo de actualizar el blog.

Estoy a punto de salir hacia la clínica, para determinar de una vez por todas a qué se debe este dolor insoportable. Una vez leí (creo que) a los estoicos y me cayó bien su capacidad de considerar toda la gama de probables causas de una aflicción. Cuando se es capaz de imaginar las cosas que pueden pasar es menos factible que algo nos tome por sorpresa. A veces funciona imaginar lo peor, lo más estridente y preocupante.

Sin embargo, no niego que me gustaría que fueran solo agruras.

*Conclusión: Arreglen sus papeles del seguro y de paso su AFORE y si no tienen su credencial de elector, sáquenla ya.

12 comentarios:

Isaura dijo...

No te asustes.. igual sólo es gastritis.

Rubo dijo...

Pues espero que te mejores pronto. Si no, yo conozco un exorcista muy bueno.

donna nobile dijo...

Qué padre que hayas tenido varias cosas al alcance de la mano de niña. Yo tuve tantas opciones y apenas voy descubriendo ciertas cosas, por eso quiero recuperar todo el tiempo perdido. A veces me olvido de la salud pero me has recordado que es algo que se debe tomar en cuenta. Me ha dado mucho gusto volver a leerte, ya extrañaba saber algo de ti. Besos y que te recuperes pronto.

Hector Ish dijo...

Bueno, esperemos todo haya salido normal... Y si no estar al tanto d ela situacion para saberla afrontar..

Igual y como dices... ya estamos viejos xD o Adultos y el tiempo lo gastamos en sobrevivir bien a esto que llamamos vida

Buen Post, por cierto.

es mi nombre Berenice dijo...

Aunque mis cólicos son dolores de parto, los espero cada mes, porque el día de cólicos es el día de no hacer nada y dormir, y leer, y escuchar música dopada.

Después de esto te me pones a comer mejor y a hacer ejercicio y esas cosas.

NO MAMES NO MAMES QUÉ PINCHE SINCRONIZACIÓN. Ve a mi blog y lee.

Janus dijo...

Mal que sólo actualices tu blog cuando estás enferma. Tal vez si lo hicieras más seguido no te pasarían esas cosas.
Espero tu malestar sólo sea pasajero y pronto estés sana.
Atte. El hernamo de tu amigo ex-vecino de tu tía. (Ja, no me pude resistir)

Sofía dijo...

¿cómo que ex-vecino? O_O

Amiguiz dijo...

Te juro que cuando comencé a leer creí que "Mario Rosas" era un alias para "Mario Flores".

fre dijo...

Ah que bonito post.

Pues si cada vez que salgo de una clinica, repentinamente me acuerdo cuando mi amá me compraba mi jugo o mi chocomilk al terminar las consultas.

Chale, que nostalgía.


P.D. Ya tengo Afore y alta del seguro, por lo mismo de que ya las piden en el trabajo. ¡Maldita desidia!

Janus dijo...

Tu tía se mudó. ¿No sabías?

Anónimo dijo...

embarazo?

Chilangelina dijo...

Sof, seguro son sólo agruras.
Pero avisa, no lo tengas a uno con el pendiente, como abuela rancia.